Reciclaje enzimático textil: cerrando el ciclo en la moda

La crisis de los residuos textiles posconsumo es un recordatorio contundente: menos del 1 % de los...

La crisis de los residuos textiles posconsumo es un recordatorio contundente: menos del 1 % de los tejidos usados se reciclan en nuevas prendas.

Cada año, millones de toneladas de ropa desechada acaban en vertederos o incineradoras. Hoy en día, menos del 1 % del material utilizado para fabricar prendas de vestir se recicla en nuevas fibras textiles.

Ante esta situación, el sector de la moda ha promovido el poliéster reciclado como solución. Pero la realidad es que la gran mayoría de este “poliéster reciclado” no proviene de ropa usada, sino de botellas de plástico PET. Aproximadamente el 99 % del poliéster reciclado que se utiliza en la moda se fabrica a partir de botellas, no de textiles

Esta práctica desvía materiales de los circuitos de reciclaje de envases y genera una falsa sensación de circularidad: una chaqueta hecha con botellas puede evitar que ese plástico acabe en el océano, pero no resuelve el problema de qué hacer con las camisetas del año pasado.

La verdadera circularidad en la moda requiere reciclaje fibra a fibra: recuperar prendas usadas y transformarlas en nuevos tejidos de alta calidad. Y aquí es donde entra en juego el reciclaje enzimático textil. Mediante el uso de enzimas especialmente diseñadas para descomponer las fibras sintéticas a nivel molecular y reconstruirlas desde cero, esta tecnología emergente ofrece una solución real de ciclo cerrado.

En este artículo veremos qué es el reciclaje enzimático, cómo funciona y por qué se perfila como un cambio de paradigma para la sostenibilidad en la moda. También repasaremos casos actuales, como los innovadores pilotos de Carbios, los desafíos técnicos que aún se deben superar y lo que podría deparar el futuro. El reciclaje enzimático no es solo una idea de laboratorio: es una propuesta concreta para transformar la sostenibilidad textil y permitir que empresas como ADRASA impulsen una industria de la moda más responsable.

¿Qué es el reciclaje enzimático textil?

El reciclaje enzimático textil es una innovadora forma de reciclaje químico que utiliza catalizadores biológicos (enzimas) para despolimerizar los polímeros presentes en los tejidos. En términos más simples, las enzimas diseñadas específicamente digieren literalmente las fibras sintéticas como el poliéster (PET), rompiendo las largas cadenas poliméricas hasta sus bloques de construcción originales (monómeros). Esos monómeros –en el caso del poliéster, típicamente ácido tereftálico (TPA) y etilenglicol (EG)– pueden ser re-polimerizados para producir poliéster completamente nuevo, equivalente en calidad al material virgen. En esencia, el proceso revierte el tejido a su estado de materia prima, permitiendo alimentar de nuevo el proceso de fabricación textil y completar así el ciclo.

Este concepto ganó impulso a partir del descubrimiento en 2016 de una bacteria del suelo capaz de degradar PET de forma natural. Desde entonces, los científicos han mejorado estas enzimas para que actúen más rápido y puedan manejar volúmenes industriales de plástico. El resultado: las enzimas actuales que degradan PET son mucho más potentes y eficientes que sus versiones naturales. Por ejemplo, una enzima desarrollada por la empresa francesa Carbios puede descomponer el 90% del PET en menos de 10 horas, una mejora radical frente a las primeras enzimas “devoradoras de plástico”, que eran demasiado lentas o ineficaces. Este avance permite que ahora el reciclaje enzimático del poliéster a escala industrial sea una realidad.

Entonces, ¿cómo funciona el reciclaje enzimático textil en la práctica? Estos son los pasos clave del proceso:

  1. Recogida y clasificación: Se recolectan residuos textiles con alto contenido en poliéster (ropa usada, recortes de tela, etc.). Se eliminan componentes no textiles (cremalleras, botones) y se clasifican las piezas para aislar materiales 100% poliéster o mezclas aptas para el proceso.

  2. Pretratamiento: Los residuos textiles se trituran o muelen en piezas más pequeñas o fibras. Aumentar la superficie facilita el acceso de las enzimas al poliéster para su descomposición.

  3. Despolimerización enzimática: Las fibras trituradas se colocan en un reactor junto con agua y una enzima específica para PET. Bajo condiciones controladas (temperatura de 60–70 °C y pH adecuado), la enzima rompe selectivamente las cadenas poliméricas del PET. En pocas horas, las largas moléculas de poliéster se descomponen en monómeros constituyentes: TPA y EG. La enzima “desenrolla” el polímero, reduciéndolo a sus ingredientes básicos.

  4. Recuperación de monómeros: La mezcla resultante se filtra y se procesa químicamente para recuperar los monómeros. Se separan las enzimas y las impurezas. El resultado es una materia prima comparable en pureza a los insumos petroquímicos vírgenes.

  5. Re-polimerización: Los monómeros recuperados se introducen en un proceso estándar de producción de poliéster (policondensación), donde reaccionan para formar nuevo PET – poliéster completamente nuevo a partir de materiales reciclados

  6. Hilado de fibras: El nuevo poliéster se funde y extruye para formar fibras, que luego pueden texturizarse, tejerse o tricotarse. El resultado es un tejido o hilo de poliéster de alta calidad, indistinguible del producido a partir de petróleo. Este se usa para confeccionar nuevas prendas, cerrando el ciclo de reciclaje.

Al devolver el poliéster usado a sus monómeros originales, el reciclaje enzimático evita la pérdida de calidad que afecta a los métodos tradicionales de reciclaje. El enfoque convencional —como el reciclaje mecánico de botellas de plástico PET— consiste en triturar, fundir y reutilizar el material. Aunque este método es sencillo, cada ciclo térmico degrada el peso molecular del polímero, lo que da lugar a un poliéster con peores propiedades mecánicas y, a menudo, con problemas de color o contaminación. De hecho, la mayoría de las fibras de PET recicladas mecánicamente tienen menor resistencia o calidad que el PET virgen y suelen destinarse a productos como aislamiento o tapicería, en lugar de nuevas prendas de vestir.

El reciclaje enzimático, en cambio, deconstruye y reconstruye el polímero, por lo que el resultado es prácticamente idéntico al material original. Es como desmontar una construcción de LEGO en piezas individuales para volver a crear un nuevo diseño con las mismas piezas: se recupera la totalidad de su capacidad estructural.

Además, los procesos enzimáticos son selectivos: la enzima actúa únicamente sobre el poliéster, lo que permite tratar tejidos mezclados siempre que se pueda extraer esta fibra específica. Esto es muy diferente a simplemente triturar una prenda de mezcla algodón-poliéster, en la que los distintos tipos de fibra permanecen mezclados en el producto final.

Este método también representa una verdadera forma de reciclaje fibra a fibra. A diferencia de la práctica habitual de fabricar ropa a partir de botellas recicladas —una forma de reciclaje botella a fibra—, el reciclaje enzimático pretende recuperar directamente los tejidos para transformarlos de nuevo en tejidos.

Por ejemplo, en 2024 un consorcio de empresas logró convertir residuos textiles en una camiseta de poliéster nueva mediante reciclaje enzimático, sin utilizar botellas ni materias primas vírgenes. Fue una demostración histórica de circularidad real. Veremos ese caso más adelante, pero antes vale la pena entender por qué esta tecnología está generando tanto entusiasmo.

¿Por qué es una revolución?

El reciclaje enzimático textil representa una innovación revolucionaria para la moda sostenible, ya que aborda las limitaciones clave de los métodos de reciclaje actuales y se alinea perfectamente con los principios de la economía circular. Estas son las razones principales por las que este enfoque tiene tanto impacto:

Cierra el ciclo del residuo textil

El reciclaje enzimático permite un auténtico reciclaje fibra a fibra: transformar ropa descartada en nuevas fibras de alta calidad. Esto ataca directamente el enorme problema de los residuos, convirtiendo textiles usados en materia prima para nuevos productos, sin depender de materiales de baja calidad o de flujos de residuos externos. A diferencia del poliéster reciclado convencional (que proviene principalmente de botellas de PET), esta tecnología permite que una prenda de poliéster desgastada pueda reciclarse una y otra vez, manteniéndose en circulación indefinidamente y evitando que acabe en vertederos o incineradoras. Es el paso clave para una economía verdaderamente circular en la moda.

Calidad equivalente al material virgen

Una gran ventaja del proceso enzimático es que el poliéster resultante tiene calidad equivalente al virgen. Al reconstruirse el polímero a partir de monómeros base, la fibra mantiene las mismas propiedades químicas y físicas que el poliéster fresco: sin pérdida de resistencia, sin contaminación y sin necesidad de mezclar con material virgen para cumplir con los estándares. En un piloto de 2024, se verificó que el poliéster reciclado enzimáticamente tenía una calidad “equiparable al poliéster virgen de origen fósil”. Además, estos monómeros reciclados pueden procesarse en plantas estándar sin necesidad de adaptar la infraestructura. Este tipo de integración directa supone un antes y un después frente a los reciclajes convencionales, que a menudo producen fibras degradadas.

Beneficios medioambientales

Adoptar el reciclaje enzimático del poliéster puede generar grandes beneficios ambientales. En primer lugar, reduce la dependencia de combustibles fósiles: cada tonelada de textil reciclada es una tonelada de petróleo que no se extrae. También evita la quema de residuos textiles, fuente importante de emisiones contaminantes. Según estudios preliminares, estos procesos avanzados pueden reducir las emisiones de carbono hasta en un 80% frente a la producción de poliéster virgen (aproximadamente 0,3 kg de CO₂ por kg de fibra reciclada frente a 2,2 kg del virgen). Además, es un proceso limpio y moderado, que en muchos casos sólo requiere agua y proteínas enzimáticas, sin productos tóxicos o temperaturas extremas. En conjunto, permite ahorrar energía, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y desviar residuos de los vertederos, ofreciendo un ciclo de vida mucho más sostenible para el poliéster.

Desarrollos actuales y ejemplos

Los innovadores líderes en todo el mundo están trabajando para llevar el reciclaje textil enzimático del laboratorio a la escala industrial. Uno de los actores más destacados es Carbios, una empresa biotecnológica francesa pionera en el reciclaje enzimático de plásticos PET. Durante la última década, Carbios ha desarrollado enzimas altamente eficientes para degradar PET y ha avanzado en la escalabilidad de esta tecnología. En 2020, publicaron un artículo en Nature mostrando que una de sus enzimas podía despolimerizar el 90% del PET en solo 10 horas, un logro que atrajo atención internacional.

Desde entonces, Carbios ha progresado rápidamente: inauguró una planta piloto en 2021 y actualmente está construyendo la primera planta industrial del mundo para reciclaje enzimático de PET, que comenzará a operar en 2025 en colaboración con Indorama Ventures. Grandes marcas han mostrado interés: Carbios ha formado un consorcio textil con empresas como On, Patagonia, PUMA, Salomon y PVH (propietaria de Calvin Klein) para apoyar el desarrollo del reciclaje fibra a fibra. Esta colaboración público-privada muestra el entusiasmo de la industria por esta innovación.

El primer logro: camiseta 100% reciclada a partir de residuos textiles

En 2024, este consorcio presentó un hito histórico: una camiseta blanca producida completamente a partir de residuos textiles mediante reciclaje enzimático. No se utilizó petróleo ni botellas recicladas; el poliéster provenía exclusivamente de tejidos descartados (retales de fábrica y ropa usada). El material incluía tintes, acabados impermeables y mezclas con algodón y elastano. Aun así, Carbios logró extraer el poliéster, degradarlo en monómeros, volver a polimerizarlo y convertirlo en hilo para tejer la camiseta. El resultado fue una prenda deportiva de alto rendimiento, indistinguible de una hecha con poliéster virgen. Se considera la primera prenda del mundo reciclada fibra a fibra mediante biotecnología, y demuestra que incluso residuos complejos pueden reciclarse por completo. Como dijo el CEO de Carbios, Emmanuel Ladent:

“Puede parecer una camiseta normal, pero la tecnología detrás es extraordinaria.”

Este logro marca un antes y un después: demuestra que la moda circular no es un ideal lejano, sino una posibilidad real, aquí y ahora.

Más actores en el campo

Carbios lidera, pero no está sola. En EE. UU., la startup Protein Evolution está desarrollando enzimas diseñadas por inteligencia artificial para reciclar residuos textiles y plásticos. En 2024 anunciaron un proceso para reciclar poliéster con resultados equivalentes al poliéster de origen fósil, y están trabajando en escalar esta tecnología para manejar residuos textiles reales y contaminados.

Mientras tanto, otras empresas están explorando métodos avanzados complementarios: algunos utilizan solvolisis química, glicólisis, o procesos híbridos donde las enzimas se combinan con catalizadores químicos. También hay avances para tratar prendas mixtas: por ejemplo, un proyecto en 2024 logró separar elastano del poliamida en ropa deportiva. Aunque no todos los métodos son enzimáticos, todos contribuyen a un ecosistema tecnológico de reciclaje textil más eficiente.

El reciclaje enzimático de PET destaca por su versatilidad (aplicable tanto a botellas como a tejidos) y su carácter ecológico. La tecnología ha salido del laboratorio, ya produce resultados reales y las primeras plantas están en marcha. El reto ahora es escalar esta innovación hasta convertirla en una práctica habitual en la industria textil.

Desafíos técnicos

Aunque el reciclaje textil enzimático es una tecnología prometedora, todavía enfrenta retos técnicos y prácticos que deben superarse antes de que pueda adoptarse a gran escala y competir económicamente con los métodos actuales. A continuación, se presentan algunos de los principales desafíos:

Complejidad de los residuos textiles

Los residuos textiles reales son muy diversos y están frecuentemente contaminados. Una prenda puede estar compuesta por varias fibras (como una camiseta de algodón-poliéster con hilos de elastano), tener acabados químicos (repelentes, tintes, imprimaciones) o carecer de etiquetado claro. Las enzimas suelen ser específicas: una enzima que degrada PET no afecta al algodón o al elastano. Esto significa que las prendas mixtas son difíciles de reciclar de forma directa.

En el caso de la camiseta reciclada por Carbios, el material incluía algodón y elastano, además de tratamientos químicos. La enzima logró extraer y reciclar solo el contenido de poliéster; el resto se eliminó como residuo. Para avanzar, se necesitarán mejores técnicas de pretratamiento y separación para obtener flujos ricos en poliéster y facilitar la acción enzimática. El desarrollo de enzimas que puedan actuar en secuencia sobre distintos tipos de fibras es una línea de investigación en curso, pero aún incipiente.

Coste y escalabilidad

Actualmente, reciclar textiles mediante enzimas es más caro que producir poliéster virgen o incluso que reciclar mecánicamente PET de botellas. Producir enzimas a gran escala tiene un coste, y las instalaciones de reciclaje requieren inversión. El poliéster virgen es extremadamente barato, y los procesos tradicionales llevan décadas optimizándose.

Para que el reciclaje enzimático sea competitivo, es necesario escalar la producción, aumentar el rendimiento y reducir costes. Esto implica mejorar las enzimas para que actúen con menos cantidad, diseñar reactores más eficientes y aprovechar las infraestructuras ya existentes. También hay una barrera cultural: muchos fabricantes de hilo y tejidos están habituados al poliéster convencional y pueden mostrarse reacios a cambiar a un nuevo tipo de materia prima. Sin embargo, se espera que los costes bajen a medida que aumente la demanda de materiales circulares y se implementen normativas que fomenten su adopción.

Rendimiento de las enzimas

Las enzimas son el corazón del proceso, y su optimización continúa siendo clave. Aunque las enzimas actuales han mejorado mucho desde el descubrimiento inicial en 2016, todavía hay margen de mejora: mayor rapidez de reacción, capacidad para trabajar con mayores concentraciones de PET, y resistencia a condiciones industriales más exigentes (temperatura, pH, impurezas).

También hay desafíos en la recuperación y reutilización de enzimas, ya que producirlas es costoso. Algunos procesos experimentan con enzimas inmovilizadas o técnicas de reciclado enzimático para aumentar su eficiencia. La ingeniería de proteínas (por evolución dirigida o aprendizaje automático) está ayudando a crear enzimas más potentes, rápidas y estables. Cada mejora enzimática supone un avance directo hacia la viabilidad comercial del reciclaje.

Impacto ambiental y análisis del ciclo de vida

Aunque el objetivo del reciclaje enzimático es mejorar la sostenibilidad, es esencial garantizar que el proceso sea realmente ecológico en su conjunto. Esto incluye analizar el consumo energético (por ejemplo, calentar los reactores a 60–70 °C), los insumos químicos (como los reguladores de pH) y los subproductos generados.

El proceso debe evaluarse mediante análisis de ciclo de vida (LCA) para comprobar su huella de carbono, uso de agua y otros impactos ambientales. Según datos preliminares, el reciclaje avanzado de poliéster puede reducir las emisiones de CO₂ hasta en un 80 % respecto al poliéster virgen. Sin embargo, se necesita más validación en condiciones reales a gran escala.

También es importante considerar qué ocurre con las fracciones no recicladas (como el algodón en las mezclas). Si se extrae el poliéster, ¿puede el algodón restante reciclarse o compostarse? Un diseño integral y una infraestructura eficiente son fundamentales para que el reciclaje enzimático sea verdaderamente sostenible de principio a fin.

Perspectivas de futuro

Los avances logrados hasta ahora en el reciclaje textil enzimático son impresionantes, pero lo que viene será aún más decisivo. En los próximos años, veremos importantes progresos en la escalabilidad, el respaldo normativo y la adopción por parte de la industria. Todo esto será clave para determinar el impacto real que esta tecnología puede tener en el cierre del ciclo en la moda.

Escalado e industrialización

El siguiente paso inmediato es pasar de proyectos piloto a operaciones industriales completas. La primera planta comercial de Carbios (actualmente en construcción en Francia) será un hito clave, con capacidad para procesar decenas de miles de toneladas de residuos de PET al año. Si tiene éxito, probablemente veremos más plantas similares en Europa, Asia y América del Norte.

Carbios ya ha firmado cartas de intenciones con varios fabricantes de PET para licenciar su tecnología, lo que demuestra el interés global. También surgirán nuevas instalaciones impulsadas por otras startups o empresas químicas que apuesten por procesos enzimáticos o híbridos. Entre 2025 y 2030 podríamos tener una red de plantas que transformen residuos textiles en materia prima circular. Esto requerirá también un sistema eficaz de recogida selectiva de residuos textiles, algo que la UE ya está impulsando con su obligación de recogida diferenciada a partir de 2025.

Las políticas públicas están marcando el camino: la Estrategia Textil de la Comisión Europea exige que todos los textiles del mercado europeo sean reciclables y estén compuestos mayoritariamente por fibras recicladas para 2030. Normativas como la responsabilidad ampliada del productor (EPR), que obligan a las marcas a financiar la gestión del residuo, crearán incentivos potentes para ampliar la infraestructura de reciclaje. La combinación de inversión, innovación y regulación formará la base del futuro ecosistema de reciclaje textil.

Integración con marcas y consumidores

Desde el punto de vista de las marcas, el futuro implicará integrar estas fibras recicladas enzimáticamente en productos y comunicar sus beneficios al consumidor. Ya hay marcas pioneras (como Patagonia, Puma o Adidas) que están invirtiendo en estas tecnologías y realizando pruebas piloto. En cuanto haya suministro suficiente, comenzarán a ofrecer prendas fabricadas con poliéster reciclado textil.

Por ejemplo, el responsable de compras de Puma ha expresado su intención de que “el 100 % del poliéster de la marca provenga de residuos textiles en el futuro”. Esta tendencia puede generalizarse, sustituyendo al poliéster virgen sin pérdida de calidad, y convirtiéndose en un potente argumento de sostenibilidad. Para ello será clave la transparencia: la trazabilidad del proceso facilitará la certificación de fibras “recicladas enzimáticamente”, generando confianza entre consumidores.

Imagina un futuro en el que los consumidores puedan devolver sus prendas usadas a las marcas y recibir otras fabricadas con los mismos materiales regenerados. Ese cierre emocional del ciclo refuerza el compromiso con la economía circular.

Visión integral de circularidad

El poliéster representa más de la mitad de las fibras utilizadas en la moda, pero no es la única. El reciclaje textil del futuro combinará distintos procesos para cada tipo de material: el reciclaje enzimático de poliéster podría complementarse con tecnologías químicas para poliamidas o procesos de regeneración de celulosa para el algodón.

Esto permitirá reciclar prendas mixtas por componentes: el poliéster irá al reciclaje enzimático, el algodón al reciclaje de celulosa, y ambos se reconvertirán en nuevas fibras que se podrán volver a combinar. La clave será una infraestructura de clasificación inteligente y un diseño de prendas orientado al reciclaje, con tejidos monofibra o componentes fáciles de separar. La regulación futura puede incluso exigir ecodiseño desde el origen para facilitar este proceso.

Innovación continua

Más allá de 2030, el avance seguirá impulsado por la innovación científica. Las enzimas serán cada vez más rápidas, resistentes y capaces de tratar residuos más complejos. Veremos enzimas que actúan a temperaturas más altas, que pueden digerir poliésteres mezclados o teñidos, o que funcionan sobre fibras hoy no reciclables como el elastano o los poliuretanos.

También surgirán sistemas multienzimáticos o biorrefinerías circulares que procesen residuos textiles de manera similar a como la naturaleza recicla materia orgánica. Las colaboraciones entre startups biotecnológicas, fabricantes de tejidos y marcas serán esenciales para escalar estas soluciones.

En resumen, el futuro del reciclaje textil enzimático es muy prometedor: plantas industriales, políticas de apoyo y marcas comprometidas con una moda circular. Para empresas como ADRASA, estos avances abren nuevas posibilidades para integrar materiales verdaderamente sostenibles y reducir su huella ambiental.

Conclusión

La llegada del reciclaje textil enzimático marca un punto de inflexión en la búsqueda de una industria de la moda verdaderamente circular. Al permitir que los tejidos antiguos se conviertan en nuevas fibras sin pérdida de calidad, esta tecnología aborda uno de los mayores retos del sector: el despilfarro continuo de materiales no renovables. En lugar de ver una prenda de poliéster como un producto con fecha de caducidad, ahora podemos imaginarla como parte de un ciclo infinito, renaciendo una y otra vez gracias a la innovación.

El impacto de esto no puede subestimarse: puede reducir significativamente los residuos textiles, recortar las emisiones y disminuir la dependencia de recursos fósiles, todo ello sin comprometer la calidad ni el rendimiento. El reciclaje enzimático no es solo un nuevo método: es un catalizador de cambio sistémico hacia la sostenibilidad en el mundo de la moda.

En ADRASA, estamos profundamente comprometidos con avanzar hacia una química textil más sostenible y adoptar soluciones que generen un impacto real. Creemos que innovaciones como el reciclaje enzimático serán clave para cerrar el ciclo y lograr una verdadera economía circular en el sector textil. Admiramos el trabajo de los científicos, ingenieros y colaboradores que están impulsando estos avances, y estamos preparados para apoyar e integrar estos materiales reciclados en nuestros propios productos y desarrollos siempre que sea posible.

Nuestro llamamiento es claro: a todas las partes interesadas del sector —marcas, fabricantes, responsables políticos y consumidores—, ahora es el momento de actuar. Las marcas deben invertir y probar estas tecnologías; los diseñadores deben pensar en el “fin de vida” desde la concepción del producto; los gobiernos deben establecer marcos regulatorios que hagan del reciclaje una opción por defecto. Y los consumidores pueden aportar su grano de arena devolviendo prendas usadas y apoyando marcas comprometidas con la circularidad.

Si trabajamos juntos para escalar soluciones circulares como el reciclaje textil enzimático, podemos cambiar radicalmente el destino de nuestras prendas. La visión de una moda circular —donde la ropa no sea “residuo”, sino materia prima para nuevas prendas— por fin empieza a hacerse realidad. Este tipo de reciclaje nos da las herramientas para lograrlo. Es un ejemplo inspirador de cómo la inteligencia humana puede imitar a la naturaleza para resolver un problema creado por nosotros mismos.

En ADRASA nos sentimos orgullosos de formar parte de este movimiento, y animamos a toda la comunidad textil a sumarse. Porque el futuro de la moda puede —y debe— ser uno donde estilo y sostenibilidad vayan de la mano. Y el reciclaje enzimático está ayudando a tejer ese futuro, fibra a fibra.

Cerremos el círculo juntos.

En ADRASA creemos en una industria textil donde la innovación química está al servicio de la sostenibilidad. Si compartes esta visión, te invitamos a seguir explorando nuestras publicaciones y a contactar con nosotros para colaborar en soluciones más responsables y circulares.

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